24.5.06

Lucas

Desde temprano afanadamente limpia pisos, riega macetas y lava ropa.
Me contó que al nacer le tocaron tres nombres, pero su padre eligió el que ahora a ella menos le gusta: “Lucas”; pero yo le llamo por el que más le agrada “Santa”. Dice que el mío le gusta, pero a mi también me toco otro nombre al nacer pero mi madre eligió el peor, según yo.
Chaparrita de rostro redondo y morena obscura de tez, su abundante cabello a la altura de media mejilla hace más redonda su sonrisa blanca dental que le hace brillar de noche y de día también.

Me contó sobre “El costumbre del pedir”:

-¿No te han pedido a ti?, preguntó
-No, no me han pedido, conteste
-A mi cinco veces, presumió
-A la madre, pensé yo
-¿Y como te pidieron?
-El muchacho, cuando ha encontrado mujer, alquila un “Pedidor” que va a tu casa con flores acompañado del muchacho. Le dice a tus padres que el muchacho se interesa por su hija. El trato lo cierran fumando un cigarro.
Cuenta que después de quince día, vencido el plazo, el pedidor regresa para saber que la mujer elegida habrá de asistir a ver al muchacho interesado a su casa en donde los padres de ambas partes confirmaran el compromiso, pero a ella, nunca le interesó, no por lo menos esas cinco veces.

-No es mi destino, si puee!, por que dice mi ama que todos tenemos un destino.

Le conté yo de mi recién pasado amor y lamentándose me pregunto que cómo era eso de que un muchacho me hablara

-Si me hablaran a mi, como soy penosa, no sabría que decir (sonríe).

Le conté que de donde yo vengo, cuando una muchacha y un muchacho se gustan, eso basta para que se comuniquen, se conozcan y se hagan novios.

Sigue ella lamentándose se mi recién pasado amor
-que triste, exclama; hay no!, que triste, reitera; pero dice mi ama que todos tenemos un destino, si puee! A lo mejor lo vuelves a ver y es tu destino, me consoló.
Yo baje la mirada pues el recuerdo me embargo, no se si lamentando mi recién pasado amor o el pesar que ella expresa por mi infortunio o por un tipo de relación que no sabe como se da, por que a ella nunca un muchacho le ha hablado.
Su inocencia le envidie, pues desee me pidieran cinco o diez veces para decir que no. Pero cuando recordé los besos, las caricias y la voz de mi recién pasado amor; elegí quedarme con lo que ella también me envidia, pues ahora lamento yo no escuchase de un hombre su voz.

Ella habla nahuatl y yo ni bien el español.