19.5.06

Un cuento en la tierra del Sol

Los días sin nombre, tres si se cuentan y resultaron largos. El ambiente, con fragancia inmersa y olor a baja altitud, cálido, húmedo, nocturno.
Aventurado viaje rumbo a un lugar “tradicional” de la tierra del sol. En su travesía, en todo lo largo y ancho de ese establecimiento: camina, sonríe, saluda, bebe, trafica, se droga, se besa, se da, totalmente se entrega todo lo que alberga ese lugar, y se desprende. Esa manera cadenciosa; decidida pero con la consiga de hablar despacio, lento y con un tono de voz apaisado le proporcionan parte del misticismo que le caracterizan. Siente como se coloca a un costado, de espalda, de frente, tocando tu cuerpo; beso en la boca, en la mano, se pierde entre la gente, habla sobre el hombro aconsejando, vuelve a aparecer. Con su discurso cansado y, repito, lento, el esfuerzo por entender las pocas palabras que de su boca pueden salir son cortantes navajas que penetran los ojos, oído, olfato y gusto e indisolubles se tornan la destilación de feromonas que provoca su acercamiento, su delicado y etílico olor a escorpión.
No hay refugio, el techo se ha cerrado, hay que arriesgar una noche al lado de quien crea y recrea dudas e incógnitas poco cierto de sí.
Escoltado por uno de los caballeros de su concurrida corte, sobre un ágil corcel de metal y patas de huele, el destino se tornó hostil y se empapó de angustia cuando la persistencia personificada aparece para recordarle que los muertos andan, gritan y penetran el alma; que todos los caminos recorrerá a su lado para no dejarle extender las alas y ayudarle a languidecer en su universo perverso y lúgubre.
Melódicas palabras acompañan su figura triste penetrando lo etéreo, la agonía se transpira y se colman de ella postrados para trabar sus materias encumbradas.
Personalidad controversial, con una dicotomía entrampada, en donde es difícil percibir si el ángel que esta apresado quiere o no salir. Las vanalidades, decía alguien, “vanidad, todo es vanidad”, corren por su pálido color de tez. De imagen pública y popular, dícese que hasta legendaria, pero la cara del espíritu atrapado en un cuerpo putrefacto pierde la dimensión de la existencia cuando la fuga empieza y pocas veces termina. Se les conocían como Tataminimie en la época prehispánica (músico o/y cantador), pero esta postmodernidad poco deja ver su función social en esta tierra de cerveza y sol.
Las escenas van y vienen pero una en especial es para reconstruir:
No podría decir si cantando pero sus ojos estaban ahí, profundos, obscuros y perdidos. De la nariz, ni hablar, va bien acompañada por largas y delineadas pestañas todo sobre labios y playera negra que le ayuda a perder su color blanco casi pálido en la multitud. Sabina, diecinueve días y quinientas noches, tras la barra, sentado, observando, inmerso en los ojos de quien ufanamente le observa y no descifra los códigos de comunicación.
El intercambio de máscaras adherido al alcohol y drogas desemboca en bacanal “¿Qué, va a haber sexo hoy?”, pues la neta hay, pero no para todos, así que, ¿cuál es el siguiente destino? El techo derrumbado y clausurado para velar el sueño de quien ya no es capaz de mirar y volverse a perder en el intercambio de señales. Como siempre, l@s hay confundid@s, se le da, se le cuida, atendid@ y procurad@ para despertar ante escenas reales de personajes montados con banderas ajenas y causas no entendidas, alcohol y drogas, condimentado con excesos desmesurados, pura cosa sana!

1 Comments:

Blogger trolael said...

mochate ¿no?

12:52 a.m.  

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